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Construyendo lo que importa

Cuando se era niñ@, se soñaba con muchas cosas: con lo que queríamos ser de grandes, con los lugares a los que queríamos viajar, con las cosas que queríamos tener, en fin, con lo que queríamos para cuando fuéramos grandes.

A medida que pasa el tiempo, esos deseos pueden tomar forma o por el contrario, desvanecerse y ser sustituidos por otros más acorde con lo que somos en el momento o con lo que consideramos debemos de ser.

En la sana teoría, estos deseos y sueños deben de funcionar como motor de nuestra vida, como el combustible que ponga en movimiento el vehículo que nos llevará a recorrer el camino hacia la realización y la materialización de todo. Pero la realidad es que no siempre es asi.

Sabemos que tenemos capacidad de decisión y acción, y que cuando la voluntad es fuerte el querer de verdad se transforma en poder. Pero eso no impide que antes de esa transformación surjan en el camino muchos obstáculos que pongan a prueba nuestra fortaleza y resistencia. Y es justo en este punto donde para muchos los deseos y los sueños se convierten en la piedra obstructora del andar porque sentimos que nos frustran y nos hacen sentir incompletos.

Y esto puede suceder por varias razones, pero las 2 principales a mi criterio: porque no estamos haciendo lo suficiente o porque no es algo que realmente queremos y necesitamos para nuestra vida. Y este último punto puede estar empujado porque hemos cambiado nuestro plan de vida y sin darnos cuenta aquellos sueños ya no se ajustan a nuestro nuevo proyecto, o porque nunca los quisimos realmente y solo seguíamos lo que otros o la misma sociedad nos señala como metas a alcanzar.

Quizás este sea el momento de hacer un alto en nuestro andar y cuestionarnos si de verdad, todo por lo que trabajamos y nos esforzamos cada día de sol a sol es lo que realmente queremos para nosotros, si lo necesitamos y si realmente vale la pena lo que estamos entregando a cambio de lo que vamos a recibir.

La vida es un suspiro tan breve que deberíamos emplearla solamente en aquello que nos pueda hacer plenamente felices, nos aporte calidad de vida y nos deje algo permanente en el tiempo y el espacio. Pensemos en lo prioritario e indispensable y no en lo simplemente deseado.

Tome 5 minutos hoy de su tiempo, desglose en que emplea las horas de su día y hágase esta pregunta: ¿Estoy dirigiendo mis esfuerzos para construir lo que realmente quiero y me importa? Quizás la respuesta lo sorprenda. Recuerde: Sobrevivir la vida no es sinónimo de vivirla.


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