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Aprendiendo a desvincularse.


Es difícil comprender como algunas personas que fueron tan representativas en ciertas etapas de nuestra vida, no están más en otras. Y como parte de esa incomprensión o esa no aceptación de la situación, tratamos de aferrarnos a esos recuerdos y mantenernos de alguna manera vinculados a ellos, aunque sea conservando su número de teléfono (aunque nunca nos llamemos) o agregándolos en el Facebook (aunque nunca nos de ni like en alguna publicación).

Todos, como se evidencia en la pirámide de Maslow, tenemos una necesidad de afiliación, y es parte de nuestra naturaleza humana.  Pero en el sentido práctico y real, no debe tratarse de solo creer que estamos “relacionados” con esas personas, sino de verdaderamente estarlo.

Y es entonces, dónde debemos de plantearnos la pregunta ¿De verdad fulanito sigue siendo parte de mi vida? ¿Menganita es mi amiga o es solo alguien que conocí y con quién compartí en el pasado?

Los recuerdos siempre quedan, y entender que nosotros y esas personas con quienes los construimos tenemos ahora caminos diferentes no los desfiguran de ninguna manera. Simplemente dejan espacios libres para nuevas cosas, para nuevas experiencias.

Y esto, no es más que otra cosa que la conocidísima receta de “Cerrar ciclos”, de tomar lo bueno de las etapas vividas, de aprender de lo malo y de seguir adelante, sin ataduras ni cargas, sin puertas entreabiertas que debieron quedar cerradas y con candado.

Desvincularse de lo que ya no es más (un trabajo, una relación, una amistad) , es la manera más efectiva de dar pasos firmes hacia el futuro de lo que puede ser, y de disfrutar más plenamente de lo que SI es hoy.
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