Los espacios que el tiempo nunca llena...

Aunque pasen los años hay espacios que nunca se llenan...

10 y 30 de agosto de 1989: Mueren mis abuelitos maternos. Primero mi abuelita luego de una larga enfermedad y de un buen tiempo en el hospital. 20 días después mi abuelito de una falla cardiaca, aunque todos creemos que murió de tristeza, 63 años juntos es mucho tiempo. Fue muy duro para mi madre perderlos a ambos en un mes, principalmente a mi abuelita 5 días antes del día de la madre; y aunque es muy vago lo que recuerdo de ellos en vida, se que los amaba y que lloré sobre el ataúd de cada uno, luego cada 10, 15 y 30 de agosto con mi mamá o al escuchar “Se me fue” de Myriam Hernández. Por años hablé con ellos mirando alguna estrella en el cielo y diciéndoles la falta que me hacían sus mimos y sus manos cansadas alrededor de mi cuello; y aún 21 años después puedo decir que no he dejado de extrañarlos ni un solo momento…

05 de mayo del 2002: Abrí mis ojos a las 7.00am porque entraba a trabajar a la tienda a las 8.30am. Era domingo, llovía y por supuesto me quejé de no poder quedarme entre las cobijas. Cuando llegué a las 8.30am a la tienda no estaba Anthony, un amigo que trabajaba los fines de semana vendiendo periódicos en la esquina de la tienda, y pensé “A este gran vago se le pegaron las cobijas con las lluvia” A las 10am sonó el teléfono de la tienda, era una amiga en común de ambos para avisarme que él había fallecido… Un carro lo atropelló a las 5am y se dio a la fuga, lo dejó tirado en la calle como un perro y a las casi 6am cuando llegó la ambulancia, ya había fallecido. Yo no fui a su entierro; el día anterior habíamos estado vacilando y yo quería que ese fuera el último recuerdo suyo en mi mente, sonriendo… Por años he vivido con el remordimiento de no saber si fue lo correcto, me he preguntado mil veces si él lo habrá entendido, si me habrá perdonado el no haber estado ahí…

13 de abril del 2009: ¿Qué puedo decir que no haya escrito en “Una historia sin final”? Que los meses han sanado poco la herida de perder a Dani, que aún a veces sueño con ella y que me es imposible recordarla sin sentir un nudo inmenso en la garganta y las lágrimas resbalar en mis mejillas. Muchas veces, cuando he bajado los brazos cansada de luchar pienso en lo fuerte y decidida que ella fue, entonces en su memoria me levanto a dar la pelea nuevamente.


¿Cuánto tiempo es realmente una vida? Hoy me ha sido imposible sostener las lágrimas al escribir cada una de estas letras, al pensar en ellos, en el espacio que ocuparon en mi vida y que hoy esta lleno de recuerdos que se desgastan poco a poco con el tiempo.

Cada día despierto con el deseo y la fe en mi corazón de construirme un camino que me lleve algún día a estar con ellos, de poderles dar todos los abrazos y besos que me he guardado durante estos años al perderlos, pues si de algo estoy segura, es que no importa cuantos les hayas dado en vida a las personas que quieres y se van, para nosotros siempre quedan mil caricias en espera de un después…

"No se han ido del todo, si recordar es volver a vivir, aún con lágrimas puedes decir, no se han ido del todo. No es el fin de la historia, son dos lados de la eternidad, ellos ahora se encuentran allá, tu y yo debemos continuar (…) Ahora se encuentran libres, ahora ya son felices, los que aquí tanta falta les hizo donde están hoy les sobra. Ya no hay sufrimiento, y no existen más lágrimas. No hay vacío, ni hay soledad, son libres como el viento..."

En el cielo donde tengo la certeza que están ¡los amo, los quiero y los extraño con todo el alma!


2 comentarios:

Ana Ruth | 2 de noviembre de 2010, 10:48

Así es Mary no se han ido del todo porque viven en nuestra memoria y en nuestro corazón, haciéndonos revivir todos aquellos recuerdos hermosos del tiempo que compartidos con ellos. Nos ayudan también a recordarnos lo afortunados que somos al tener nuestra vida y lo poco que la apreciamos al dar por sentado muchísimas cosas, que como las tenemos todos los días no los apreciamos...

Mary | 14 de noviembre de 2010, 13:05

Si Ruth, por eso debemos de recordar siempre a quienes no están, pero también aprovechar hasta el último segundo con las personas que aún tenemos en nuestra vida.

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