La mujer que nunca fui...


(Más que un post del blog, es un sentir)

Hablar de mi misma públicamente siempre ha sido complejo. Empezaré con una frase que me dijeron hace muchos años “Quién la conoce bien la quiere hasta que duela o la odia hasta que queme”. No se si es buena o mala, pero evidencia lo marcado de muchos rasgos de mi personalidad que se han transformado o me acompañan intactos al trajín de los años.

Nunca aprendí a andar en bicicleta. Era un “ratón de biblioteca” cómo me decían mis hermanas, preferí siempre que me regalaran un libro antes que una muñeca y mientras ellas se rasparon las rodillas aprendiendo, yo me consumí en cuanta cosa “leible” encontré. Claro que jugaba con muñecas, y a las mismas historias de amor entre Ken y Barbie que toda niña sueña vivir después y con el tiempo se van desvaneciendo.

El cole y el bachiller de la U no fueron muy distintos. La nerd, la cerebrito, la que no fallaba una nota (exclúyase de ese nunca la fea física-mate) y si, seguía creyendo en las mismas historias, escribiendo poemas y leyendo novelas de amor. Una romántica sin causa que las heridas, desencantos y sapos disfrazados de príncipes fueron cambiando.

Nunca me gustaron las rosas. Siempre me ha parecido que un solo girasol opaca totalmente la belleza de una docena de ellas. Por más barbies que tuviera no soporté el rosado. ¿Cómo hacerlo existiendo un rojo que describía todos los sentimientos o un negro semejante a la belleza de la noche?

Tampoco tuve problema en elegir entre un partido de fútbol y una novela; las novelas son y terminan todas iguales, los partidos son impredecibles: nunca sabes cuándo vas a llorar con un gol de último minuto o cuando se van a agarrar a golpes en una jugada polémica. La novela te enferma, el fútbol te sana :P

Mi mamá siempre ha dicho: “Mujer que no le gusten las matas no es mujer” y bajo ese parámetro tendré que decir entonces que soy como dice @Chepe_Centro: “un compa pero con mucha progesterona”. Y si de elegir entre una película de amor y una de acción se trata, aunque las comedias románticas me agraden si hay motocicletas, motores de autos, chicos rudos o Wesley Snipes en las escenas de las segundas me quedo con ellas feliz.

No lloro frente a un chico (por no decir frente a nadie) aunque las lágrimas se me quieran desbordar del alma, no se decir te quiero con palabras aunque los latidos me revienten el pecho, puedo ser fría como un témpano con tal de encubrir/defender mi corazón y no doblo las rodillas si aún puedo al menos intentar sonreir.

Nunca he cambiado un buen beso por una caricia. No importa dónde o si es tipo 1, 2 o 3; un buen beso tiene en mi los poderes que ni la coca-cola con sus propiedades y en galones podría alcanzar: ¡Crea una adicción TOTAL! ¡Hace recuerdos imborrables!

No cambio un chinchorro por un bar elegante, ni la cerveza por el vino, y menos un chifrijo por sushi. Nací piso e’ tierra ¿Qué le hacemos? de la humildad de una mujer de puro campo que vino a “la capital” a trabajar en fábricas y de un albañil que me enseñó de pequeña a ganarme las golosinas cogiendo café. Y por el mismo origen de mi familia, me criaron como dicen popularmente “a la antigua”. Algunos mitos se rompieron a como fui formando mi propio criterio y otros los mantengo tal cual me los recitaron.

Los años han pasado abrazados de muchas ilusiones, pero sólo una vez del amor. Y es que mi capacidad de sentirlo es directamente proporcional a la fobia que me causa. Soy una montaña rusa de sensaciones y emociones pero que siempre está sobre sus rieles y si “algo” amenaza ese estado equilibrado se enciende una alarma interna para huir.

Aún así soy una soñadora y quizás esto transforme la fobia en una necesidad insatisfecha, pues creo en un amor tan intenso y apasionado que no quepa ni siquiera en esas 4 letras; tan libre de esquemas sociales que no necesite de etiquetas, nombres o protocolos obsoletos; que tiemble al vivirlo, me erice la piel al sentirlo y sonría al recordarlo; que más que un amor sea una complicidad. Como dice Cerati: ¿Quién sabrá el valor de tus deseos?

Lo cierto es que lo impulsiva, terca y caprichosa me ha acompañado toda mi vida. Ahora ya no escribo más poemas aunque los leo (es que parece que José Ángel Buesa o Pablo Neruda escribieron mi sentir); ya pasé el trago amargo de descubrir a punta de golpe la semejanza entre Santa Claus, Pie Grande y el Príncipe Azul: ¡No existen!; aprendí a sentir atracción por alguien y aún así ofrecer una amistad desinteresada.

Ya jugué, me divertí y me cansé. Superé una marca que llevaba más en la piel que en la memoria y no me permitía avanzar. Pero no... Nunca fui la mujer que se arriesgó sin una señal clara. Nunca fui la mujer que se conformó con dar, yo necesito también recibir. Y por sobre todo, nunca fui la mujer que siguió sabiendo que sólo podía perder...



5 comentarios:

Mary Lazo | 14 de agosto de 2010, 19:49

Nunca había leído tu blog... que rajado, sera que nos separaron al nacer?... lo peor es que yo también soy Mary... voy a estarme dando vueltas por acá. Saludos.

Mary | 16 de agosto de 2010, 7:53

Hola! dicen que uno tiene dobles dando vueltas x ahi, será? :D
Muchas gracias por la visita y que éxito que te gusto el Blog :D Saluditos!!

H3dicho | 10 de mayo de 2012, 7:38

Me ha gustado este artículo, es la esencia de un blog, y como vi en tu tweet, cierto, soltaste mucho sobre vos, y terminas siendo un libro abierto, así me siento yo muchas veces expuesto..

Paso dos años despues de haber salido, pero buen post..

saludos

Anónimo | 10 de mayo de 2012, 9:01

Nunca me habia dado la vuelta por tu blog, pero me senti identificado con lo que dices. Y es que si dos poetas ya pudieron escribir sobre tu sentir; es curioso leer en palabras de alguien más, un post con sentimientos tan similires a los mios.

Saludos

Ariel | 20 de mayo de 2012, 15:13

HOLA MARY...
ME ENCANTÓ TU BLOG,
HE LEIDO BASTANTE Y SEGUIRÍA...PERO EL TIEMPO APREMIA.
VOLVERÉ POR MAS.
BESITOS.

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