La verdadera miseria está en el alma

El fin de semana pasado caminaba por la playa contemplando la inmensidad del mar y escuchando ese ir y venir de las olas que en lo personal me hace sentir especialmente relajada y feliz, cuando vi una escena que más de 8 días después aún tengo en la retina (¿o será en el corazón?).

Una pareja de indigentes dormían bajo las palmeras mientras las personas caminaban indiferentes sin dirigir la mirada hacia aquella parte de la arena. Y se preguntarán ¿Qué tiene eso de especial si todos los días al transitar por San José se ven decenas de indigentes dormidos en el primer rincón que encontraron en la noche?

No era el hecho de que estuvieran en la playa, o que dormían a pesar de ser de casi las doce medio día y el calor era insoportable. Lo impresionante de aquella escena, es que estaban abrazados. Me detuve unos segundos a contemplarlos mientras los ojos se me llenaban de lágrimas y el pecho mil sensaciones diferentes. Y queriendo decir tanto sólo pude pronunciar (o decir mentalmente) “El amor va a donde lo lleven”.

Pensé en cuanta miseria y desesperanza podrían estar atravesando esas personas, en lo difícil de abrir cada mañana los ojos y mirar hacia la nada, en lo desesperante de sobrevivir en una sociedad que contrario a tenderles una mano los margina sin conocer la historia detrás de ellos. Y a pesar que de sus ojos ya han se han borrado los colores de la vida, todavía les quedaban migajas de amor en el alma para compartir un abrazo.

Pero por más conmovedor que resulte pensar en la vida de aquellos indigentes, creo que la verdadera miseria y la más difícil de erradicar es la que vivimos diariamente las personas “normales” de esta sociedad que teniéndolo todo realmente no poseemos nada.

Nos quejamos por todas las cosas que nos faltan: el carro del año, las vacaciones fuera del país, el celular que acaba de salir al mercado, una casa como la que acaba de comprar mi compañero de trabajo, el plasma que tiene el vecino, etc. Y nunca pensamos en todo lo que si tenemos, que sin duda es muchísimo y más valioso.

Llegamos a la casa de mal humor por trabajar todo el día para conseguir esas cosas, sin energía ni voluntad para compartir tiempo de calidad con nuestras familias y como si fuera poco, nos acostamos tan disgustados con la vida por tener que levantarnos mañana a la misma rutina que cerramos los ojos en segundos sin tan siquiera darle un buenas noches a nuestra pareja o a nuestros padres.

Nuestras agendas siempre están siempre llenas de actividades que según nosotros no pueden esperar, pero nunca anotamos las realmente indispensables: “Darle un beso a mis familiares cuando llegue a la casa”, “Conversar con mis papás sobre como estuvo su día”, “Dedicar este fin de semana a mi familia”, “Abrazar a mi pareja esta noche al dormir”, “Jugar con mi [email protected] aunque llegue muy [email protected]”... ¿O es que VIVIR si puede esperar?

Ahora que lo pienso mejor, creo que las lágrimas que dejé caer sobre la arena no fueron por aquellos indigentes, sino por mi propia “miseria” diaria, por dejar a un lado en ocasiones lo realmente importante, porque paso repitiendo que amo a mi madre más que cualquier cosa en el mundo y ni siquiera logré recordar cuándo fue la última vez que le di más que un “buenas noches” antes de irme a dormir. Si. Ellos tendrán menos oportunidades y posesiones, pero nosotros tenemos el alma más vacía. Ellos ven la vida gris, pero nosotros a veces ni siquiera la logramos ver.

El mensaje es claro: El amor es el cimiento más importante de la vida y no basta con sentirlo, es necesario llevrlo a cada lugar a donde vamos, hacerlo explícito en cada cosa que hacemos. Así que analicemos nuestro día a día y preguntémonos a nosotros mismos si invertimos o sólo gastamos las 24 horas que Dios nos regala día a día, si estamos construyendo y cosechando algo más que cosas materiales. Y si la respuesta es negativa, empecemos hoy mismo a dedicar tiempo a la actividad más importante de todas: DEMOSTRARLE a quienes forman parte de nuestra vida lo mucho que los amamos.

No olvidemos que para estar en miseria no es necesario ser indigentes, basta con ser mendigos en nuestros propios sentimientos.

3 comentarios:

Haroldo | 29 de junio de 2010, 13:01

Que lindo post. Y que verdad como podemos ser an pobres teniendonde todo. A veces es facil dar las cosas por sentado pero imágenes como esas son las que nos ponen de nuevo los pies sobre la tierra. Y claro hay que tener un. Corazón receptivo y abierto. Como lo dijistes ya, que montón de gente les paso a la par con pura indiferencia.

Un abrazote!

Alvaro | 30 de junio de 2010, 14:52

Lo fundamental es siempre dar las gracias por todo, por más simple que parezca: el trabajo, un nuevo día, por los papás, los amigos, etc. No hay nada de malo en tener mientras siempre se esté agradecido por ello. Y veámoslo de esta forma, mucha gente debe pensar en porqué Dios permite la miseria en estas personas, y la respuesta como yo lo veo es para que aquellas personas que si noten a estas personas, reflexionen en sobre estas cosas, como lo hiciste vos en tu post.

Saludos,

Mary | 16 de agosto de 2010, 8:02

Puntos importantísimos! Ser agradecido y tener un corazón receptivo. Lástima que ambos estén cada vez más escasos... Pero bueno, lo importante es que empiece desde uno, que se crea y se practique.

Muchas gracias por sus comments :D Saluditos a ambos!

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