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La llegada inevitable


No me gustan los cambios, de año… Nunca me han gustado. Mas debo confesar que este fin de año tiene un sabor distinto. Cuando llegaron las 12 anunciando la llegada del 2010, lloré a cántaros con toda la fuerza del corazón por el alivio que significaba para mi la conclusión del 2009 ¡Es que fue un año tan duro! Perdí muchas cosas y gané tan pocas, tenía el corazón hecho un puño en algún rincón olvidado de mi pecho, pero lloré de alivio... El 2010 tenía que ser mejor, y lo fue.

Siempre hay pruebas, y quizás el 2009 me enseñó a ser más fuerte y a valorar más las experiencias, para andar con paso más firme cada día de ese nuevo año. Después de un año en rojo, este lo cierro no en punto de equilibrio, sino con utilidades ¿Fácil? ¡Para nada! También me costó muchas lágrimas, pero esta vez acompañadas de abrazos y palabras de aliento, de una mano siempre dispuesta a levantarme.

Empecé una nueva etapa laboral de la que apenas soy aprendiz; abrí mi corazón y mi pasado a una persona, y aunque no funcionó tengo excelentes recuerdos; encontré al hermano que la naturaleza no me dio y a muchas personas dispuestas a brindarme su amistad; mi salud se debilitó un poco en los últimos 3 meses pero lo mejor es que continuo viva y en pie; y lo mejor de todo: tengo a mi familia completa, sana y conmigo ¿Hay bendición más grande? No lo creo...

Francamente no se que me depare el 2011, pero se que me ha costado mucho llegar a hoy, llegar a ser la mujer que soy. Y aunque por algunos momentos he renegado sobre ese hecho, hoy puedo decir que estoy orgullosa de mi misma. ¿Buena o mala? No lo se... Pero si que soy una mujer en todo el sentido de la palabra, hecha y derecha, y por sobre todo con el pecho listo y la frente en alto para recibir un regalo de 365 días más.

Y ante la llegada inevitable de un nuevo año solo puedo decir: ¡Mil gracias Diosito! ¡Feliz año a todos! :)

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Y vos que ¿Sos feliz?

- Mija… hoy le está dando feo el amor… jajajaja xD

- El amor??? Y eso que’s mi mama? xD No diga malas palabras…

- Ahhh bueno bueno… que es esa mala palabra… quién sabe hasta cuando…

- Jajajaja yo creo que el antídoto dura un tiempito más jajajaj

- Dele viaje mija más bien cuando pasa ese antídoto?? Jajajaja

- Fácil: 2 cucharadas de desilusión, 1 tallito de desencanto, 2 hojitas de noches en vela, muchas lágrimas y listo, se cura de una!!


Pues, si… ¿Para que negarlo? Soy una desencantada del amor, o al menos del amor masculino. Soy una más de esas tantas que construyeron castillos de arena que más temprano que tarde terminaron sobre el suelo hechos nada; una más de las que creyó en cosas que ahora se cuestiona si verdaderamente existen.

Cuando hablo de eso, la gente tiende a pensar que una es una amargada y resentida (tipo Paquita la del Barrio) pero no, no al menos en mi caso. Si bien es cierto ya no tengo la misma disposición para andar besando sapos a ver si se convierten en príncipes azules (que de por si no existen) tampoco guardo rencores por las cosas sucedidas en el pasado, pues es mi pensar, que hasta los errores más grandes o estúpidos tienen una finalidad y un aprendizaje, lo que en mi caso se traduce en una nueva visión del amor en mi vida.

Al principio como ser humano con errores y aciertos que soy, tuve mi etapa depresiva en que la respuesta ante la pregunta “¿Sos feliz?” era “No”, pensando que si no tenía una persona a mi lado como los demás, sería una mujer incompleta de por vida. Luego entendí que el amor es mucho, muchísimo más. Tal y como lo había mencionado en “Enamórese de usted mismo”, todo empieza dentro de uno mismo, en aprenderse a amar de manera esencial y a construir nuestra vida en función a nosotros y no a alguien más.

Pero esto va más allá. Se aprende a amar mejor a la familia, a los amigos y a todas las personas que te rodean, pues son quienes construyen el círculo de afecto y cariño que te protege y respalda ante cualquier circunstancia. Y como aún te queda amor por entregar, lo ponés en tu trabajo pues te realiza como profesional, en las cosas que hacés y te motivan, en devolver la sonrisa a un desconocido en la calle, en fin, en cada espacio de tu vida ¿Y por qué? Porque terminás entendiendo que la felicidad es una elección de cada uno, no una lotería que tenés que esperar a ver si te la pegás; entendiendo que el amor es un sentimiento tan profundo que sería mezquino encasillarlo en una relación de pareja únicamente cuando se puede expresar en cada cosa que existe y terminás entonces enamorado de la vida, y todo fluye, el mundo sigue, y el sol sale cada mañana.

Ahora si la pregunta es “¿Sos feliz?” la respuesta no puede ser otra que un contundente “Inmensamente”. A pesar de que existen en mi vida momentos y días difíciles en que se nubla un el cielo, todo sirve para algo, para ser más fuerte, para ser mejor, para seguir con una convicción más firme o por lo menos para aprender a valorar más el cielo azul.

Y si, la puerta a la opción de una pareja está cerrada, más no significa que esté soldada de por vida. Es simplemente que ya no es algo prioritario y mucho menos indispensable para ponerme en pie por las mañanas o agradecer en oración por las noches. Es simplemente que ya soy una mujer completa y feliz, lo demás es simplemente ganancia.

Cada quien tendrá su propia forma de ver y vivir el amor, de priorizar cada parte de su vida, sus anhelos, sus metas, su visión de la felicidad y el camino que le conduce hacia ella. La pregunta realmente importante es: ¿Sos feliz?

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Los espacios que el tiempo nunca llena...

Aunque pasen los años hay espacios que nunca se llenan...

10 y 30 de agosto de 1989: Mueren mis abuelitos maternos. Primero mi abuelita luego de una larga enfermedad y de un buen tiempo en el hospital. 20 días después mi abuelito de una falla cardiaca, aunque todos creemos que murió de tristeza, 63 años juntos es mucho tiempo. Fue muy duro para mi madre perderlos a ambos en un mes, principalmente a mi abuelita 5 días antes del día de la madre; y aunque es muy vago lo que recuerdo de ellos en vida, se que los amaba y que lloré sobre el ataúd de cada uno, luego cada 10, 15 y 30 de agosto con mi mamá o al escuchar “Se me fue” de Myriam Hernández. Por años hablé con ellos mirando alguna estrella en el cielo y diciéndoles la falta que me hacían sus mimos y sus manos cansadas alrededor de mi cuello; y aún 21 años después puedo decir que no he dejado de extrañarlos ni un solo momento…

05 de mayo del 2002: Abrí mis ojos a las 7.00am porque entraba a trabajar a la tienda a las 8.30am. Era domingo, llovía y por supuesto me quejé de no poder quedarme entre las cobijas. Cuando llegué a las 8.30am a la tienda no estaba Anthony, un amigo que trabajaba los fines de semana vendiendo periódicos en la esquina de la tienda, y pensé “A este gran vago se le pegaron las cobijas con las lluvia” A las 10am sonó el teléfono de la tienda, era una amiga en común de ambos para avisarme que él había fallecido… Un carro lo atropelló a las 5am y se dio a la fuga, lo dejó tirado en la calle como un perro y a las casi 6am cuando llegó la ambulancia, ya había fallecido. Yo no fui a su entierro; el día anterior habíamos estado vacilando y yo quería que ese fuera el último recuerdo suyo en mi mente, sonriendo… Por años he vivido con el remordimiento de no saber si fue lo correcto, me he preguntado mil veces si él lo habrá entendido, si me habrá perdonado el no haber estado ahí…

13 de abril del 2009: ¿Qué puedo decir que no haya escrito en “Una historia sin final”? Que los meses han sanado poco la herida de perder a Dani, que aún a veces sueño con ella y que me es imposible recordarla sin sentir un nudo inmenso en la garganta y las lágrimas resbalar en mis mejillas. Muchas veces, cuando he bajado los brazos cansada de luchar pienso en lo fuerte y decidida que ella fue, entonces en su memoria me levanto a dar la pelea nuevamente.


¿Cuánto tiempo es realmente una vida? Hoy me ha sido imposible sostener las lágrimas al escribir cada una de estas letras, al pensar en ellos, en el espacio que ocuparon en mi vida y que hoy esta lleno de recuerdos que se desgastan poco a poco con el tiempo.

Cada día despierto con el deseo y la fe en mi corazón de construirme un camino que me lleve algún día a estar con ellos, de poderles dar todos los abrazos y besos que me he guardado durante estos años al perderlos, pues si de algo estoy segura, es que no importa cuantos les hayas dado en vida a las personas que quieres y se van, para nosotros siempre quedan mil caricias en espera de un después…

"No se han ido del todo, si recordar es volver a vivir, aún con lágrimas puedes decir, no se han ido del todo. No es el fin de la historia, son dos lados de la eternidad, ellos ahora se encuentran allá, tu y yo debemos continuar (…) Ahora se encuentran libres, ahora ya son felices, los que aquí tanta falta les hizo donde están hoy les sobra. Ya no hay sufrimiento, y no existen más lágrimas. No hay vacío, ni hay soledad, son libres como el viento..."

En el cielo donde tengo la certeza que están ¡los amo, los quiero y los extraño con todo el alma!


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En el mar de un sueño

Lo primero que quise ser en la vida fue cantante. Sólo que mi voz tan exclusiva – léase fea – similar a las alarmas de incendio (suena y todos corren) me hizo cambiar en el transcurso de los años a secretaria, arquitecta, economista, organizadora de eventos, bailarina (con ropa claro =P) e informática. Pero la insistencia de mi hermana porque hiciera examen de admisión en el COVAO me terminó colocando frente a 3 preciosos años en Producción Gráfica que me llevarían a publicidad, mercadeo y aprendiz en social media. Y aunque quise ser todo lo anterior y terminé donde estoy siempre tuve claro algo: quería ser empresaria.

Hace más de un año decidí intentarlo en sociedad pese a muchas alertas de fracaso a mi alrededor, con una que otra palmadita de apoyo en la espalda y rezando porque ese barco que tomaba no naufragara ¡Y naufragó a la primera tormenta! La inexperiencia siempre pasa la factura… Y así, tan sólo 3 meses después volvía a tierra firme con el tan detestable “se lo dije” pinchando el pequeño salvavidas que conservaba y convirtiendo mi aventura en una historia para el olvido (o eso creí).

Cinco meses después quise con un poco de aire valiente que me quedaba en los pulmones marcarme una nueva ruta de viaje pero no alcancé a llegar al puerto donde esta vez, ni siquiera tenía un barco anclado. Quizás el “realismo” empezaba a echar de mis pies, raíces a tierra firme.

Decidí mejor regresar a lo seguro (ser empleada) pues los castillos de arena no pagan deudas ni universidades y tenía al frente la oportunidad de trabajar en una nueva área de mi carrera. Recordé que hay que ser agradecido, dicen, y de verdad agradezco cada día a Dios por mi trabajo, que además me encanta.

Desde entonces han pasado ya 6 meses de relativa paz, y digo relativa porque sin saber que o por qué algo ha venido cambiando día a día hace semanas… hasta ayer. Cuando en el #NokiaTalk Fabian Ramírez dijo esta frase: “Si crees que tu potencial es bueno ¡hazlo! Porque nadie lo va a hacer por ti” Y lo supe. En el fondo, pese al realismo impuesto por tantos y el “fracaso” vivido, sigo queriendo lo mismo de todos estos años, sigo cerrando los ojos y soñando despierta, sigo atada a la esperanza y el anhelo de sentir que es posible, que se puede.

¿Cuántos estarán en este momento como yo? Con grandes sueños que el temor al fracaso y la comodidad que da la zona de confort no materializan. Y es que la experiencia pasada (ahora ya no fracaso) me dice que no se trata de correr ilusionado a sortear olas dejando todo atrás pero también me dice que cada vez que se intenta, se aprende y se avanza. Ahora se algo que antes no ¡Una ruta que no me llevará al éxito!

Dicen que soñar es gratis ¿Y saben qué? ¡Es verdad! Así que puedo soñar todo lo que desee con lo que quiero ser o tener. Pero los sueños no dan de comer, así que se debe de encontrar la forma de que esos sueños sean productivos, de que con esfuerzo, empuje, ideas y trabajo nuestro barco nos lleve a aguas donde en vez de naufragios tengamos abundante pesca.

“Arriesgar para ganar” Cierto. Pero más importante que eso es tener la convicción suficiente de que se puede navegar aún a pesar de las tormentas que vengan si nuestro espíritu es lo suficiente fuerte para no bajar los brazos a la primera tempestad y usamos la pasión como combustible en cada ruta que intentamos en la vida.

Ayer comprendí algo más. Si cada una de las personas que sueñan dejaran de creer que se puede cuando despiertan bañados en realismo (lo que no es otra cosa que conformismo disfrazado) hoy no existirían tantas marcas, empresas y personas exitosas realizadas en el mundo. Así que piensen en lo que siempre han querido, constrúyanlo en su mente y materialícenlo con esfuerzo y firmeza en su presente.

"Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él." George Bernard Shaw. Escritor Irlandés.


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Los límites de la ciencia que la Fe no conoce...

He estado cerca de la muerte varias veces: a los 6 años con un confite que mi papá sacó de mi garganta cuando ya estaba morada, a los 9 años casi ahogada de una piscina olímpica, a los 14 años arrastrada por una ola en Herradura y a los casi 24 luego de mi ya conocido accidente automovilístico. Y aunque este último ha sido el que más a cambiado mi vida y el más impactante para mi familia y amigos, para mi madre en especial hay un evento que la marcó más que los anteriores.


Cuando tenía 7 meses presenté un cuadro convulsivo con un diagnóstico nada alentador como resultado. Los médicos le dijeron a mi madre que yo no lograría vivir hasta los 2 años y en caso de hacerlo, crecería con retardo mental por el daño cerebral de las convulsiones. Pero el paso de los años desmintió ambas teorías: no sólo sobreviví sino que mis excelentes calificaciones fueron motivo de orgullo para mi madre aún en la universidad. (Y claro, de apodos como sabionda o cerebrito para mis compañeros).

La ciencia tiene límites que la fe y la oración de una madre no conocen y traspasan hasta llegar a Dios. Ella dice que fue intervención de la Virgen de los Ángeles, yo sólo se que fue el segundo milagro de mi vida luego de nacer.

El año pasado fue uno de los más difíciles de mi vida, y contrario a celebrarlo lloré a mares el día de mi cumpleaños. Pero hoy, al llegar a los 26 no puedo más que llorar de nuevo ¡Pero de felicidad! Porque muchas veces en el tiempo me pregunté, y se que mi madre también, si podría llegar a esta edad y contra todos los pronósticos… ¡Lo logré!

Así que por todas las bendiciones que Dios ha derramado y sigue derramando en mi vida, por todas esas alegrías y por todas esas lágrimas que he dejado por el camino recorrido hasta hoy…

¡FELIZ CUMPLEAÑOS A MI! :D

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Entonces ¿Pensamos o Sentimos?

Creo que uno de los grandes dilemas para aquellos que en alguna ocasión pasamos por el desamor o la desilusión es si nos arriesgamos de nuevo o no. Cuando conocemos una persona que nos interesa, que nos hace sentir por lo menos un retorcijón de tripa vivimos un verdadero calvario, y no provocado por la otra persona que quizás ni siquiera es consciente de la situación, sino por nuestro propio dilema interno, por nuestra lucha entre la razón y la emoción (no siempre es el corazón).

Largas películas fantasmas de la mente evaluando lo que “ocurriría si…” y frases como “es que no me quiero equivocar de nuevo” “si yo le demuestro mis sentimientos se va a aprovechar” o peor aún “yo no me vuelvo a enamorar” limitan diariamente nuestro accionar y la forma en que vivimos emociones que mayoritariamente deberían ser placenteras o gratificantes.

Cuando somos lastimados, como seres con instinto de defensa y supervivencia levantamos un muro enorme a nuestro alrededor para evitar que algo pueda alcanzarnos de nuevo. Y funciona. Lo malo es que esa misma barrera de protección nos inhibe de recibir mucho de lo hermoso que hay del otro lado, nos encierra en nosotros mismos y nos aísla en la incapacidad de compartir con otros nuestros verdaderos sentimientos.

Lo más desgastante es que por más murallas chinas que levantemos no se puede evadir la naturaleza y las vibras de atracción que ésta genera entre nosotros y otras personas. Y ahí empieza el calvario, la guerra entre lo que realmente se siente y lo que nuestros temores permiten externar.

Ahora, no se trata de seguir ciegamente nuestro impulso y lanzarnos en los brazos de cualquier persona que nos atraiga sin pensar, sino de utilizar nuestras experiencias anteriores para discernir de una manera OBJETIVA si el esfuerzo emocional que vamos a realizar es una inversión o un gasto.

La racionalidad es importante, nos previene de errores, pero en exceso o mal aplicada nos priva de la intensidad de la vida. Y aunque es difícil confiar a otros nuestras emociones pues nos hace sentir vulnerables ante el mundo, hasta esa sensación es parte del sentirnos vivos.

¿Y cuál es entonces la respuesta al dilema eterno? No lo se. Pero estoy convencida que vivir siempre a la defensiva no es, que vivir al son de nuestros impulsos tampoco lo es. Quizás se trate de un punto medio que se origine en el amor a nosotros mismo, y se desarrolle en el derecho de experimentar emociones (amor, deseo, pasión, alegría, etc.) y el deber de respetar nuestro valor y no entregarnos a quien no lo merezca (la experiencia mínimo nos enseña lo que NO queremos).

Por último, cuidarnos a nosotros mismo es esencial pero estar conscientes y claros que no estamos exentos de la equivocación y que el error existe y existirá siempre para aprender, crecer y madurar nos va a permitir vivir más plenamente. Esa trillada frase de que “Quién no arriesga no gana” no deja tener su razón, pero le agregaría que su aplicación es válida sólo si el resultado amerita el esfuerzo.

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La mujer que nunca fui...


(Más que un post del blog, es un sentir)

Hablar de mi misma públicamente siempre ha sido complejo. Empezaré con una frase que me dijeron hace muchos años “Quién la conoce bien la quiere hasta que duela o la odia hasta que queme”. No se si es buena o mala, pero evidencia lo marcado de muchos rasgos de mi personalidad que se han transformado o me acompañan intactos al trajín de los años.

Nunca aprendí a andar en bicicleta. Era un “ratón de biblioteca” cómo me decían mis hermanas, preferí siempre que me regalaran un libro antes que una muñeca y mientras ellas se rasparon las rodillas aprendiendo, yo me consumí en cuanta cosa “leible” encontré. Claro que jugaba con muñecas, y a las mismas historias de amor entre Ken y Barbie que toda niña sueña vivir después y con el tiempo se van desvaneciendo.

El cole y el bachiller de la U no fueron muy distintos. La nerd, la cerebrito, la que no fallaba una nota (exclúyase de ese nunca la fea física-mate) y si, seguía creyendo en las mismas historias, escribiendo poemas y leyendo novelas de amor. Una romántica sin causa que las heridas, desencantos y sapos disfrazados de príncipes fueron cambiando.

Nunca me gustaron las rosas. Siempre me ha parecido que un solo girasol opaca totalmente la belleza de una docena de ellas. Por más barbies que tuviera no soporté el rosado. ¿Cómo hacerlo existiendo un rojo que describía todos los sentimientos o un negro semejante a la belleza de la noche?

Tampoco tuve problema en elegir entre un partido de fútbol y una novela; las novelas son y terminan todas iguales, los partidos son impredecibles: nunca sabes cuándo vas a llorar con un gol de último minuto o cuando se van a agarrar a golpes en una jugada polémica. La novela te enferma, el fútbol te sana :P

Mi mamá siempre ha dicho: “Mujer que no le gusten las matas no es mujer” y bajo ese parámetro tendré que decir entonces que soy como dice @Chepe_Centro: “un compa pero con mucha progesterona”. Y si de elegir entre una película de amor y una de acción se trata, aunque las comedias románticas me agraden si hay motocicletas, motores de autos, chicos rudos o Wesley Snipes en las escenas de las segundas me quedo con ellas feliz.

No lloro frente a un chico (por no decir frente a nadie) aunque las lágrimas se me quieran desbordar del alma, no se decir te quiero con palabras aunque los latidos me revienten el pecho, puedo ser fría como un témpano con tal de encubrir/defender mi corazón y no doblo las rodillas si aún puedo al menos intentar sonreir.

Nunca he cambiado un buen beso por una caricia. No importa dónde o si es tipo 1, 2 o 3; un buen beso tiene en mi los poderes que ni la coca-cola con sus propiedades y en galones podría alcanzar: ¡Crea una adicción TOTAL! ¡Hace recuerdos imborrables!

No cambio un chinchorro por un bar elegante, ni la cerveza por el vino, y menos un chifrijo por sushi. Nací piso e’ tierra ¿Qué le hacemos? de la humildad de una mujer de puro campo que vino a “la capital” a trabajar en fábricas y de un albañil que me enseñó de pequeña a ganarme las golosinas cogiendo café. Y por el mismo origen de mi familia, me criaron como dicen popularmente “a la antigua”. Algunos mitos se rompieron a como fui formando mi propio criterio y otros los mantengo tal cual me los recitaron.

Los años han pasado abrazados de muchas ilusiones, pero sólo una vez del amor. Y es que mi capacidad de sentirlo es directamente proporcional a la fobia que me causa. Soy una montaña rusa de sensaciones y emociones pero que siempre está sobre sus rieles y si “algo” amenaza ese estado equilibrado se enciende una alarma interna para huir.

Aún así soy una soñadora y quizás esto transforme la fobia en una necesidad insatisfecha, pues creo en un amor tan intenso y apasionado que no quepa ni siquiera en esas 4 letras; tan libre de esquemas sociales que no necesite de etiquetas, nombres o protocolos obsoletos; que tiemble al vivirlo, me erice la piel al sentirlo y sonría al recordarlo; que más que un amor sea una complicidad. Como dice Cerati: ¿Quién sabrá el valor de tus deseos?

Lo cierto es que lo impulsiva, terca y caprichosa me ha acompañado toda mi vida. Ahora ya no escribo más poemas aunque los leo (es que parece que José Ángel Buesa o Pablo Neruda escribieron mi sentir); ya pasé el trago amargo de descubrir a punta de golpe la semejanza entre Santa Claus, Pie Grande y el Príncipe Azul: ¡No existen!; aprendí a sentir atracción por alguien y aún así ofrecer una amistad desinteresada.

Ya jugué, me divertí y me cansé. Superé una marca que llevaba más en la piel que en la memoria y no me permitía avanzar. Pero no... Nunca fui la mujer que se arriesgó sin una señal clara. Nunca fui la mujer que se conformó con dar, yo necesito también recibir. Y por sobre todo, nunca fui la mujer que siguió sabiendo que sólo podía perder...



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Los capítulos de un ayer


Hace algún tiempo recibí un email con reflexiones (o partes de un libro quizás) escritas por Paulo Coelho sobre algo que todos los seres humanos necesitamos hacer en nuestras vidas pero que pocas veces llevamos hasta la práctica: “CERRAR CAPÍTULOS”.

El email explicaba que las personas tenemos la tendencia de dejar entreabiertas las puertas de mil cosas que ya sucedieron y no deberían ser parte del presente, clavando nuestros pies al mismo suelo con el pensamiento de un quizás o un talvez que contrario a ser una esperanza materializable, es una cuerda que no nos permite despegar.

Dejamos una puerta entreabierta cuando nos quejamos cada día x el trabajo actual deseando estar en aquel del que nos despidieron; cuando torcemos la mirada en la calle a la(él) [email protected] que nos traicionó, cuando mantenemos culpa por una discusión en la que herimos a alguien, cuando usamos frecuentemente en nuestro vocabulario el “hubiera”, cuando cargamos resentimiento por cosas que sucedieron con nuestros padres, cuando no dejamos ir a esa persona que hace mil años nos dejó ir a nosotros, cuando mantenemos sangrando una vieja herida por no intentar al menos superar el dolor que nos causa.

Nadie dice que los recuerdos sean malos. Pero el hecho de que recordar sea “volver a vivir” no tiene que significar que carguemos con ellos sin descanso y construyamos un mañana en base a un pasado que simplemente debemos archivar.

NO nos van a recontratar en el antiguo trabajo así hayamos salido por un(a) [email protected] incompetente o un(a) compañ[email protected] serruchapisos, NO se va a desaparecer la traición que vivimos, no se van a borrar aquellas palabras que nos lastimaron y con las que lastimamos también, NO vamos a castigar a nadie más que a nosotros con el resentimiento y los reproches que carguemos, esa persona NO va a despertar un día y descubrir milagrosamente que lo que verdaderamente quiere es correr hacia nosotros, NO se va a devolver el tiempo y evitar que suceda aquello que ya no tiene remedio.

NO. Esas cosas no suceden. El pasado no se borra o revive intacto. Las cosas pasan y cambian. Sucedieron de una forma que no tiene marcha atrás nunca sin importar cuanto lo deseemos. Entonces ¿Por qué seguir tratando de atrapar el agua entre los dedos? ¿Por qué poner el dedo en la llaga cada día que pasa?

Cuando leemos un libro y nos gusta alguna oración en especial la marcamos, seguimos leyendo y cuando terminamos lo cerramos y comenzamos uno nuevo. Por más hermosa que sea la frase no seguimos llevando el libro abierto a cada lugar al que vayamos, sabemos que no es necesario. Pues igual a ese libro es nuestra vida, y por más que mantengamos alguna página abierta, esas letras no van a cambiar.

Pensemos hoy en todas esas cosas que cada día intentamos sostener en el viento, en esos libros abiertos que cargamos, en los castillos de arena que intentamos reconstruir y hace mucho tiempo fueron borrados por las olas de un ayer, en esas puertas o ventanas que no hemos querido cerrar esperando lo que en el fondo sabemos no va a llegar. Tomemos la decisión definitiva de tirarlo todo a un lado del camino y seguir mirando solo el hoy.

Cerrar capítulos y ver frente a frente el pasado antes de pasarle llave a todas esas puertas duele, pero como me dijo alguien “Algún día debe suceder”. ¿Y por qué no hacer de ese día hoy? Regalemos todo lo que no usamos y tenemos guardado pensando en “quizás”, tiremos objetos que nos recuerdan a personas o momentos que ya pasaron, rompamos esas cartas que nos hacen llorar una y otra vez. Deshagámonos de cada cosa que no esté permitiendo pasar la hoja.

Cerremos todas esas etapas y limitemos al pasado a la única función de aprender de él y ser mejores. TODOS tenemos derecho a estrenar una nueva ilusión, a dibujar nuevas sonrisas, a vivir nuevas etapas para cruzar las puertas que están frente a nosotros abiertas de par en par y así emprender un nuevo camino.

“Si puede enfrentar algo ya y ahora, hágalo. Si no déjelo ir, cierre capítulos, Dígase a usted mismo que no vuelve más” Paulo Coelho.

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La verdadera miseria está en el alma

El fin de semana pasado caminaba por la playa contemplando la inmensidad del mar y escuchando ese ir y venir de las olas que en lo personal me hace sentir especialmente relajada y feliz, cuando vi una escena que más de 8 días después aún tengo en la retina (¿o será en el corazón?).

Una pareja de indigentes dormían bajo las palmeras mientras las personas caminaban indiferentes sin dirigir la mirada hacia aquella parte de la arena. Y se preguntarán ¿Qué tiene eso de especial si todos los días al transitar por San José se ven decenas de indigentes dormidos en el primer rincón que encontraron en la noche?

No era el hecho de que estuvieran en la playa, o que dormían a pesar de ser de casi las doce medio día y el calor era insoportable. Lo impresionante de aquella escena, es que estaban abrazados. Me detuve unos segundos a contemplarlos mientras los ojos se me llenaban de lágrimas y el pecho mil sensaciones diferentes. Y queriendo decir tanto sólo pude pronunciar (o decir mentalmente) “El amor va a donde lo lleven”.

Pensé en cuanta miseria y desesperanza podrían estar atravesando esas personas, en lo difícil de abrir cada mañana los ojos y mirar hacia la nada, en lo desesperante de sobrevivir en una sociedad que contrario a tenderles una mano los margina sin conocer la historia detrás de ellos. Y a pesar que de sus ojos ya han se han borrado los colores de la vida, todavía les quedaban migajas de amor en el alma para compartir un abrazo.

Pero por más conmovedor que resulte pensar en la vida de aquellos indigentes, creo que la verdadera miseria y la más difícil de erradicar es la que vivimos diariamente las personas “normales” de esta sociedad que teniéndolo todo realmente no poseemos nada.

Nos quejamos por todas las cosas que nos faltan: el carro del año, las vacaciones fuera del país, el celular que acaba de salir al mercado, una casa como la que acaba de comprar mi compañero de trabajo, el plasma que tiene el vecino, etc. Y nunca pensamos en todo lo que si tenemos, que sin duda es muchísimo y más valioso.

Llegamos a la casa de mal humor por trabajar todo el día para conseguir esas cosas, sin energía ni voluntad para compartir tiempo de calidad con nuestras familias y como si fuera poco, nos acostamos tan disgustados con la vida por tener que levantarnos mañana a la misma rutina que cerramos los ojos en segundos sin tan siquiera darle un buenas noches a nuestra pareja o a nuestros padres.

Nuestras agendas siempre están siempre llenas de actividades que según nosotros no pueden esperar, pero nunca anotamos las realmente indispensables: “Darle un beso a mis familiares cuando llegue a la casa”, “Conversar con mis papás sobre como estuvo su día”, “Dedicar este fin de semana a mi familia”, “Abrazar a mi pareja esta noche al dormir”, “Jugar con mi [email protected] aunque llegue muy [email protected]”... ¿O es que VIVIR si puede esperar?

Ahora que lo pienso mejor, creo que las lágrimas que dejé caer sobre la arena no fueron por aquellos indigentes, sino por mi propia “miseria” diaria, por dejar a un lado en ocasiones lo realmente importante, porque paso repitiendo que amo a mi madre más que cualquier cosa en el mundo y ni siquiera logré recordar cuándo fue la última vez que le di más que un “buenas noches” antes de irme a dormir. Si. Ellos tendrán menos oportunidades y posesiones, pero nosotros tenemos el alma más vacía. Ellos ven la vida gris, pero nosotros a veces ni siquiera la logramos ver.

El mensaje es claro: El amor es el cimiento más importante de la vida y no basta con sentirlo, es necesario llevrlo a cada lugar a donde vamos, hacerlo explícito en cada cosa que hacemos. Así que analicemos nuestro día a día y preguntémonos a nosotros mismos si invertimos o sólo gastamos las 24 horas que Dios nos regala día a día, si estamos construyendo y cosechando algo más que cosas materiales. Y si la respuesta es negativa, empecemos hoy mismo a dedicar tiempo a la actividad más importante de todas: DEMOSTRARLE a quienes forman parte de nuestra vida lo mucho que los amamos.

No olvidemos que para estar en miseria no es necesario ser indigentes, basta con ser mendigos en nuestros propios sentimientos.

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