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¿Qué se debe de haber hecho a los 30?

Si usted googlea, busca en redes sociales o le pregunta a la gente, puede encontrar respuestas de todo tipo, desde fumar zacate malcriado hasta haber parido un hijo.

Pero acá, les quiero compartir un resumen de 15 cosas que he recopilado sobre los 30 y que tienen sentido lógico:

  1. Ser independiente económicamente y dejar de depender del dinero de sus papás.
  2. Trazarse un plan de vida, de lo que quiere alcanzar, cuándo y cómo.
  3. Haber sufrido de corazón roto.
  4. Haber salido solo y haberlo disfrutado. Al cine, a comer, etc. A los 30, la relación con uno mismo debería ser lo suficientemente buena, para merecer la inversión de tiempo.
  5. Haber superado los “traumas” y complejos del cole.
  6. Haber aprendido a perdonar, a pedir perdón, a decir gracias y decir por favor.
  7. Saber la diferencia entre amigo, compañero y conocido.
  8. Saber cocinar al menos lo justo para no morir de hambre (freír un huevo y abrir una lata de atún no cuenta.
  9. Conocer al menos 10 buenos restaurantes de comida de diferentes tipos (pizza, mc, bk, etc no cuentan, bares tampoco)
  10. Haberse pegado una buena “juma”, porque llegar raspando cerraduras y vomitando el hígado después de los 30 ya no luce.
  11. Haber fracasado estrepitosamente en algo, porque así se ha aprendido a levantarse y seguir adelante.
  12. Haber empezado una cuenta de ahorros, pues se sabe que si se malgasta la plata, los proyectos que la requieran se atrasan.
  13. Haber aprendido todo el valor que tiene la familia.
  14. Haber aprendido a reírse de sí mismo.
  15. Haber establecido o iniciado un vínculo con tu parte espiritual, sea cuál sea tu creencia.

Cada quién agregará o quitará según su experiencia y expectativa de vida, lo importante es tener el sentimiento de felicidad, satisfacción y seguridad por lo vivido: y las ganas, el empuje y la convicción para todo lo que aún está por venir.
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Mi (no) crisis de los casi 30s.

No cabe duda que el tiempo no corre ¡Vuela! Y así en una navidad por aquí más, otro queque de cumpleaños por allá, ya estoy a poquito más de un mes de subirme al tercer piso ¡Así mismo! Bien vividos o no, ahí veremos en otro post.

La cosa es que con los 30 nacen infinidad de nuevas etiquetas y ahí, es cuando empieza a gestarse para nosotras esa cosa que si no pelamos el ojo nos atropella, conocida como la famosa “crisis de los 30”.

Porque si como yo, los 30 les llegan solteras, sin querendengue conocido y sin hijos, de una no más apagando las velitas sepan que la sociedad les estampó en la frente además de la etiqueta de “vieja”, una enorme de “solterona”.

Si a esa soltería cuchicheada le sumamos el cúmulo de “metas” de los 20 que íbamos (si, tiempo pasado) a tener ya cumplidas a los 30 estalla la cosa, aunque se trate de cosas absurdas de realizar en ese tiempo para los mortales, honrados y que no nos hemos pegado el gordito de fin de año, como tener mansión, carro del año, condo en la playa, millones guardados, conocer medio planeta, etc.

Así que luego de revisar el calendario, divisar la tercera década y pensar un rato, llegué a una sencilla conclusión: No me asusta mi edad, muy por el contrario ¿Y saben por qué?  Porque solo con los años han llegado y se han ido cosas que de otra manera no hubiera sucedido.

Porque a los 30 por fin se despiden tantas inseguridades cargadas durante los 20s y  tantos “¡Ay, qué vergüenza!” para dejar espacio a la seguridad de saber quién soy, que quiero, cómo y cuándo. Porque aún a veces tengo dudas, pero son muchísimas más las certezas y las convicciones.

Porque no importa el qué dirán otros pues gané la libertad de hacer y ser lo que yo quiera y no lo que esperan de mí. Porque reconocí todo el valor que tengo y por eso no acepto menos de lo justo en todos los ámbitos de mi vida.

Porque contrario a sufrirlo, ahora disfruto de un fin de semana completo en mi casa pues ese tiempo lo dedico a mi familia y a mí misma, cuya compañía dicho sea de paso ahora valoro increíblemente.

Y cuando si se sale, los planes cambian de fiestón interminable con juma incluida a idas al cine, cafés y cenas; y no por vejez como muchos dicen, sino por disfrutar más de la compañía, la conversación y el momento.

Porque la cantidad de fotos publicadas ha disminuido considerablemente, pues ya no es necesario demostrar a otros que tengo una vida. Yo lo sé y me concentro lo mayor posible en disfrutarla y vivirla, más que exhibirla. La privacidad es aún más clave para mí.

Porque al fin se reconocer un amigo que me va a acompañar años de un conocido que va a estar en una etapa de mi vida y ya. Y con eso también cambia el orden de prioridades: en los 20 lo primero eran mis amigos, a los 30 sin duda lo más importante y valioso es mi familia.

Porque empiezan a haber menos parejas pero no porque ya esté con fecha de caducidad, sino porque desaparece la cantidad para enfocarse en la calidad, pues como dijo una compañera un día de estos, a los 30 uno ya sabe que el amor no se trata de sentir mariposas en la panza, sino de encontrar un compañero de vida.

Porque me rompieron el corazón muchas veces pero en el proceso aprendí dos cosas fundamentales:
1)     Si la historia es reiterativa no hay que cambiar de prójimo, sino cambiar una.
2)     Antes que el amor por otros, hay que poner siempre el amor propio.

Porque me equivoqué muchas veces, hice berrinche, me auto-compadecí, hice berrinche, aprendí, hice más berrinche, pero seguí y eso me hizo ser una persona más inteligente y más fuerte. Porque ahora me maquillo menos que antes, pero me arreglo mucho más el espíritu.

Porque después de tantos años de guerra fría con mi cuerpo (ese que no es ni será perfecto) por fin empiezo a hacer las paces con él y a preocuparme por su estado, pues aquí no aplica lo del Hilux “no lo maneje, maltrátelo” así que empecé a chinearlo más.

Porque mi relación con Dios pasó de pedirle que no me fuera como en feria por llegar tarde a la casa, a agradecerle por cada cosa que pone en mi vida aún si no las noto por lo cotidiano, a agradecerle por tanto amor y tanta paciencia que ha tenido conmigo estos años.

Porque ya no tengo sueños, tengo metas y objetivos claros, pues se perfectamente cuál es mi capacidad y conozco mis límites, se cuáles son mis fortalezas y mis debilidades.

Porque, en conclusión, a mis casi 30 me siento más yo, más bendecida, más fuerte, más segura, más decidida, más humana, más completa y más feliz de lo que nunca en mi vida me he sentido. Y porque puedo decir con completa serenidad y sinceridad: 

¡Qué se venga ese tercer piso, carajo!


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¿Miedo al compromiso o miedo al amor?

Filofobia: injustificado miedo al amor, a enamorarse o estar enamorado. Los filofóbicos suelen elegir relaciones imposibles donde nunca podrán enamorarse, elegir hombres o mujeres que terminan dejándolos para así evitar el enamoramiento o huir de alguien que se haya enamorado de ellos buscándole defectos inexistentes.

Lo encontré hoy en Internet. Lo llamaba hasta a hace un par de horas miedo al compromiso porque  quizás en el fondo no quería aceptar que yo que desde niña fui una romántica soñadora que escribía cartas y poemas y pasaba las horas construyendo fantasías sobre lo que yo imaginaba serían historias de amor perfectas, hoy a mis 29 años tengo miedo a sentirme vulnerablemente enamorada.

Pero así es. Tengo miedo a mostrar mis sentimientos, a desnudar mi alma y mostrarme tal cual soy sin muros de protección  y escudos de defensa. No importa cuánto me repita a mi misma que estoy lista para una relación seria y duradera, siempre termino huyendo a la primera señal de lo anterior.

Tiene una oreja más arriba que la otra, la camisa con la que llegó a la cita estaba muy fea, agarra la botella de la cerveza de una manera poco masculina, se ríe demasiado fuerte, gesticula mucho cuando habla, usa una colonia muy fuerte, no me abre la puerta para subirme al carro, tiene un ringtone demasiado polo, se rasura las piernas… Son solo algunas de las muchas estúpidas excusas que en algún momento he usado para dejar de salir con alguien. No porque sean de peso como yo decía a mis amigas o a mi hermana cuando me cuestionaban, sino porque me mantenían a salvo de una posible relación más allá de un par de citas.

Decir que no estoy interesada en una relación en ese momento, mostrar desinterés cuando salía con alguien, poner mis prioridades laborales por encima de las emocionales, mostrarme fría y esquiva, también han sido algunas de las formas que he utilizado para auto sabotearme y evitar que se despierten algunas fibras internas que he sedado con el tiempo.

No voy a inventar traumas familiares o tendencias modernas para justificar mi miedo al amor, porque la única razón real y válida es que me aterroriza la posibilidad de perder el control de mis emociones, de darle la oportunidad a alguien para que me lastime como ha sucedido en un par de ocasiones en el pasado cuando dejaba fluir mis pasiones y mi impulsiva personalidad.

Y si, he logrado mantenerme a salvo varios años del dolor y esas punzadas en el pecho que terminaban en lágrimas sobre mi almohada, pero hoy caigo en cuenta que esa fingida seguridad también me ha mantenido al margen de gran parte de la esencia de la vida.

Hoy reconozco mi miedo a enamorarme porque el primer paso siempre es ese, si es que la intención como en mi caso es corregirlo.  Y más que reconocerlo, hoy decido desecharlo y dejar espacio a lo que sea que venga, porque de eso se trata esto de la vida ¿no? De vivir lo que se tenga que vivir, por el tiempo que se tenga que vivir y de seguir.

Me pregunto ¿Cuántas otras de las personas que están solteras tendrán miedo a la vulnerabilidad y la fragilidad de sentirse enamoradas y no lo saben o lo reconocen? ¿Cuántas personas encontraran una excusa tonta para escaparse de alguien con quién salen solo porque no quieren llegar a involucrar sus emociones y perder el control de la situación?

Yo no creo en eso de buscar el amor, porque mi parte de romántica empedernida (que aún existe) me dice que esas cosas simplemente llegan cuando tienen que llegar. Pero hay que tener las puertas del corazón abiertas para que cuando llegue lo que sea que llegue no tenga que marcharse cansado de tocar y tocar sin que nadie le atienda.

El amor al igual que las oportunidades llega, pero si no se aprovechan se esfuman y quizás no se presenten más en la vida…

"El valor no es la ausencia del miedo, sino el miedo junto a la voluntad de seguir." 
Feliciano Franco de Urdinarrain.
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Construyendo lo que importa

Cuando se era niñ@, se soñaba con muchas cosas: con lo que queríamos ser de grandes, con los lugares a los que queríamos viajar, con las cosas que queríamos tener, en fin, con lo que queríamos para cuando fuéramos grandes.

A medida que pasa el tiempo, esos deseos pueden tomar forma o por el contrario, desvanecerse y ser sustituidos por otros más acorde con lo que somos en el momento o con lo que consideramos debemos de ser.

En la sana teoría, estos deseos y sueños deben de funcionar como motor de nuestra vida, como el combustible que ponga en movimiento el vehículo que nos llevará a recorrer el camino hacia la realización y la materialización de todo. Pero la realidad es que no siempre es asi.

Sabemos que tenemos capacidad de decisión y acción, y que cuando la voluntad es fuerte el querer de verdad se transforma en poder. Pero eso no impide que antes de esa transformación surjan en el camino muchos obstáculos que pongan a prueba nuestra fortaleza y resistencia. Y es justo en este punto donde para muchos los deseos y los sueños se convierten en la piedra obstructora del andar porque sentimos que nos frustran y nos hacen sentir incompletos.

Y esto puede suceder por varias razones, pero las 2 principales a mi criterio: porque no estamos haciendo lo suficiente o porque no es algo que realmente queremos y necesitamos para nuestra vida. Y este último punto puede estar empujado porque hemos cambiado nuestro plan de vida y sin darnos cuenta aquellos sueños ya no se ajustan a nuestro nuevo proyecto, o porque nunca los quisimos realmente y solo seguíamos lo que otros o la misma sociedad nos señala como metas a alcanzar.

Quizás este sea el momento de hacer un alto en nuestro andar y cuestionarnos si de verdad, todo por lo que trabajamos y nos esforzamos cada día de sol a sol es lo que realmente queremos para nosotros, si lo necesitamos y si realmente vale la pena lo que estamos entregando a cambio de lo que vamos a recibir.

La vida es un suspiro tan breve que deberíamos emplearla solamente en aquello que nos pueda hacer plenamente felices, nos aporte calidad de vida y nos deje algo permanente en el tiempo y el espacio. Pensemos en lo prioritario e indispensable y no en lo simplemente deseado.

Tome 5 minutos hoy de su tiempo, desglose en que emplea las horas de su día y hágase esta pregunta: ¿Estoy dirigiendo mis esfuerzos para construir lo que realmente quiero y me importa? Quizás la respuesta lo sorprenda. Recuerde: Sobrevivir la vida no es sinónimo de vivirla.


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Aprendiendo a desvincularse.


Es difícil comprender como algunas personas que fueron tan representativas en ciertas etapas de nuestra vida, no están más en otras. Y como parte de esa incomprensión o esa no aceptación de la situación, tratamos de aferrarnos a esos recuerdos y mantenernos de alguna manera vinculados a ellos, aunque sea conservando su número de teléfono (aunque nunca nos llamemos) o agregándolos en el Facebook (aunque nunca nos de ni like en alguna publicación).

Todos, como se evidencia en la pirámide de Maslow, tenemos una necesidad de afiliación, y es parte de nuestra naturaleza humana.  Pero en el sentido práctico y real, no debe tratarse de solo creer que estamos “relacionados” con esas personas, sino de verdaderamente estarlo.

Y es entonces, dónde debemos de plantearnos la pregunta ¿De verdad fulanito sigue siendo parte de mi vida? ¿Menganita es mi amiga o es solo alguien que conocí y con quién compartí en el pasado?

Los recuerdos siempre quedan, y entender que nosotros y esas personas con quienes los construimos tenemos ahora caminos diferentes no los desfiguran de ninguna manera. Simplemente dejan espacios libres para nuevas cosas, para nuevas experiencias.

Y esto, no es más que otra cosa que la conocidísima receta de “Cerrar ciclos”, de tomar lo bueno de las etapas vividas, de aprender de lo malo y de seguir adelante, sin ataduras ni cargas, sin puertas entreabiertas que debieron quedar cerradas y con candado.

Desvincularse de lo que ya no es más (un trabajo, una relación, una amistad) , es la manera más efectiva de dar pasos firmes hacia el futuro de lo que puede ser, y de disfrutar más plenamente de lo que SI es hoy.
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La "soltería por decisión"... ¿Mito o realidad?



Cada día es más común encontrarse con personas profesionales, exitosas y en edad social para establecer una familia que se encuentran en soltería (y en este caso me refiero principalmente a quienes están solos, sin pareja). El matrimonio y los hijos, se han convertido en un aspecto de segundo plano vrs la realización personal y profesional, principalmente en mujeres.

Sin embargo, hace unos días comentaba con una tuitera sobre como [email protected][email protected] por decisión” apenas salen con alguien están pensando en compromiso y matrimonio; y concluimos que [email protected] en realidad utilizan esa tendencia para esconder que contra sus deseos, continúan [email protected]

Pero ¿Por qué a la gente le da tanto pánico decir que está esperando el amor de su vida? Quizás existan 2 razones y ambas tengan todo un trasfondo social:
  1. Si usted le dice a otros que continua soltero por circunstancias y no decisión, van a pensar (o usted cree que van a pensar) en “pobrecit@ no le sale pero ni el diablo”. Y aunque sea cierto en algunos casos, a nadie le gusta sentirse el patito feo del cuento.
  2. La segunda razón, es lo devaluado que están los sentimientos en estos tiempos. Lo IN es jugar de independiente y moderno, de que nada me importa ni me afecta porque vivo la vida loca sin preocupaciones, montado en la carreta y brincando colchones. Eso de demostrar romanticismo o sensibilidad es solo una pendejada y está pasado de moda.
Quienes han seguido mi blog, saben que soy partidaria del amor propio por encima del de pareja, pero eso no significa que crea que no se puede necesitar de alguien al lado con quién complementar (Ojo, no completar) y compartir la vida.

Cabe aclarar que querer una pareja no es sinónimo de querer un matrimonio, hijos y todo eso del hogar. Algunos, como en mi caso, no somos muy adeptos a esos formalismos, pero si deseamos disfrutar de la compañía y el cariño de una persona pues, aunque nos apene o avergüence, todos estamos diseñados para necesitar amor. Nadie disfruta de la soledad eterna.

Estar sol@ por las circunstancias, no siempre es sinónimo que no nos sale nada, sino de estar en espera de alguien que realmente nos mueva el piso, que merezca nuestra entrega y sea recíproco a la misma. Eso de “mejor solo que mal acompañado” es real y vale la pena aplicarlo si es el necesario.

Entonces ¿la soltería por decisión es un mito o una realidad? La respuesta depende del caso personal de cada solter@. Por eso, hay que romper esa idea popular de “rechazad@” y vencer el miedo a ser etiquetados como #foreveralone si expresamos que queremos encontrar a ese alguien. No sea que nuestras actitudes indiferentes y contradictorias alejen el interés de otras personas.

Hay muchos planos en los cuales nos podemos desarrollar para alcanzar la plenitud y la felicidad en la vida mientras llega el amor. Y si por esas vueltas de la vida, el amor no nos encuentra a nosotros, será un buen consuelo pensar que fue porque así correspondía y no porque nosotros mismos cerramos la puerta por donde debía entrar sin intentarlo al menos.

En lo personal no estoy en búsqueda, pero si abierta a la posibilidad de una pareja. Porque yo no se ustedes, pero a mi si me gusta eso de las mariposas en la panza, el pulso alterado y los corazones (imaginarios obvio) en el aire. ^^

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Realmente ¿Queremos lo que pedimos?


Una de las preguntas frecuentes que nos hacen en diferentes etapas y momentos es ¿Qué queremos recibir de la vida? Y aunque la mayoría contestamos con aparente seguridad manifestando nuestras expectativas, cada vez estoy más convencida que las personas pedimos muchas veces cosas que realmente no queremos o por las que no estamos dispuestos a pagar ¡Y casos sobran!

Están aquellos que van por la vida diciendo que quieren una novia que les de su espacio y libertad de acción pero cuando la tienen se quejan de que no se preocupan por ellos. Mujeres que quieren al hombre más cariñoso y atento del mundo, y después se convencen (o las convencen sus amigas, compañeros de trabajo, familia, etc.) de que es un “pega”.

Nos gusta andar en fiestas y pachangas eternas con nuestros amigos, porque es la vida que llevábamos y asi nos conocieron, pero si nuestra pareja hace lo mismo (aunque asi la conociéramos también) es motivo para el inicio de la tercera guerra mundial.

Vamos por la vida pregonando que queremos rodearnos de gente sincera y directa y cuando sucede, las tachamos de personas frívolas, sin sentimientos ni tacto para decir las cosas. (La sinceridad ¡pásala! Pero solo cuando nos sea conveniente).

Los hombres, quieren mujeres que les den sexo cuando quieren, fácil, sin compromiso y si es posible, que sea una diosa contorsionista en la cama. Son fieles a la libertad sexual y la defienden como una expresión inequívoca de su masculinidad, reservándose eso si, el casi derecho natural a referirse a la misma diosa como “zorra”, “fácil”, “cul*”, etc. Y si como se dice popularmente “no se los prestó” de mojigata y mosca muerta. (Mujeres: solo ellos pueden decidir sobre su sexualidad. Ok? Ajá.)

Otras mujeres, quieren ejercer la misma libertad sexual de la que por siglos ha gozado el hombre. Quieren ser la femme fatal que come cuando le da la gana, con quién le da la gana y las veces que le de la gana, porque eso hacen los hombres ¿O no? Pero no soportan que no las llamen al día siguiente o no les pongan por lo menos un sms de “la pasé bien”. Y diay ¿No que solo por el rato?

Y el asunto no acaba ahí, porque esa actitud se expande a muchos otros campos de nuestras vidas, por no decir a todos. Ambicionamos tener mucho dinero, pero con el menor esfuerzo. Un trabajo donde nos paguen mucho pero que obvio trabajemos poco (a la inversa nos rasgamos las vestiduras).

Queremos una carrera y un título profesional que nos presente al mundo como personas preparadas, cultas y estudiadas, pero sin estudiar, hacer trabajos, aprender, quemarnos las pestañas y menos sacrificar la plata de las birritas.

Deseamos amigos que siempre estén para nosotros, aunque solo los busquemos cuando necesitamos o nos sobra tiempo. Una familia unida, perfecta y en armonía, aunque nunca hayamos hecho el esfuerzo de ser parte de ella en la acción y no solo por una congruencia de ADN.

Simplemente, buscamos una libertad que no sabemos como manejar, un espacio que luego queremos llenar porque nos parece vacío y éxitos por los que no estamos dispuestos a luchar. Nos gusta la parte bonita que es recibir, pero no dejamos de ser egoístas ni mediocres a la hora de dar.

Es ley de la vida, que toda acción traiga consigo una consecuencia independientemente de que sea buena o mala. Si pedimos algo, debemos afrontar la responsabilidad de tenerlo. Y si no lo puede manejar ¡No lo pida! ¡No lo busque!.

Entonces ¿De verdad queremos todo lo que pedimos? ¿Tenemos la intención de dar lo que se requiere para recibir lo que esperamos? La única gran verdad, es que no todos queremos lo mismo ni pretendemos vivir de la misma forma. Y si tanto amamos hacer lo que se nos da la gana ¿Por qué nos disgustamos cuando los otros aplican la misma filosofía de vida?

Y no es una cuestión de género, es naturaleza humana. Y el único punto de consenso posible es la práctica de 2 cosas: Respeto y equilibrio. Respeto hacia las otras personas y la forma de llevar sus vidas. Y equilibrio para dar en la medida que recibimos y pedir en la proporción en que entregamos.

Si no está del todo o nada satisfecho con lo que acontece en su vida en alguno o muchos ámbitos, quizás sea el momento de analizar si lo que tiene es realmente lo que desea, pues reitero, muchos pedimos lo que posiblemente ni en pesadillas queremos realmente obtener.
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Con miedo a la felicidad

Hoy ha sido un día especialmente diferente. Un paso que abrió un camino hacia una puerta hasta ahora muy anhelada pero muy lejana para mí.

Siempre he querido llegar a ella, pero he pensado que no estoy lo suficientemente preparada para alcanzarla aún. Sin embargo se entreabrió, dejando salir un rayo de felicidad que iluminó la tarde que caía y me llenó de una adrenalina, ilusión, emoción y ansías. Fue sentirme tan bien que me temblaban las rodillas, tan bien como hace muchísimo tiempo no me sentía.

Hasta que llegó una sensación nada desconocida para mi, esa de que cuando algo está tan, tan bien es porque algo muy malo también puede suceder.

Quizás parezca tonto, pero no para mí. Lo he sentido varias veces en los últimos años, quizás lo dejó el ímpetu de adolescente que se fue, lo trajo la madurez y la experiencia o lo sacó el dolor de las pruebas y las caídas pero ahí está: ¡El miedo a la felicidad!

Y entre más pensaba, más crecía y menos feliz me sentía. Y comprendí que lo hago siempre, que amargo el sabor de lo que en principio es dulce. Que opaco con temores las alegrías y bendiciones de la vida.

Y pude continuar hasta dejar de disfrutar los acontecimientos, pero recordé lo que una muy buena amiga me dijo hace poco: “Hay que confiar, confiar en lo que usted quiera pero confiar. Confiar en que todo lo que pase es porque así debería de pasar”.

Recordar esas palabras me llenó de una paz y una calma que alejó poco a poco esa mala sensación que solo el miedo provoca, y me permitió seguir sintiéndome feliz e ilusionada por esa puerta que hoy (en el momento que tenía que ser) se me ha entreabierto.

No sé qué tan frecuente sea, pero estoy segura que no soy la única que se siente de esa forma cuando algo muy, muy bueno parece suceder. Así que si usted también le tiene miedo a ser y sentirse feliz ¡Confíe! Confíe en un Dios o un ser superior (sin importar religión o creencias) que guía su vida, que le regala sonrisas que no precisamente tienen que ser sucedidas por lágrimas. Crea también en usted por su capacidad para mantener y multiplicar sus logros y dichas. Confíe en que a pesar de tanta maldad y angustia que hay en el mundo la vida sigue siendo buena, es cuestión de decidirse a vivirla.

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Recobrando la inocencia

“Creo que todos nosotros queremos sentir algo que hemos olvidado o a lo que hemos dado la espalda, porque talvez no nos dábamos cuenta de lo mucho que dejábamos atrás. Tenemos que recordar que solíamos ser buenos.” 13 going on 30

Cuando niños trazamos en el aire nuestra vida futura y al crecer, fuimos adaptando el diseño a las circunstancias que vivíamos cambiándolo por voluntad propia, por resignación o por conformismo. La realidad, es que el tiempo con su paso nos construye o “remodela” y no siempre el resultado es lo que realmente queríamos.

A veces es bueno, nos enseña caminos distintos a los conocidos, nos lleva a lugares no imaginados que resultan grandiosos. Otras, nos quita detalles que habíamos colocado con amor, nos opaca los colores con los que estábamos pintados originalmente o nos pincha algún globo de ilusión que sosteníamos con esperanza de verlo dirigirse al cielo.

Entonces despertamos un día con la sensación de que algo falta, algo que teníamos y queríamos seguir teniendo ya no está. Y empieza la cinta para atrás, tratando de recordar detalles pasados, de despertar sensaciones adormecidas por la rutina y la responsabilidad, de hurgar los rincones para encontrar lo que se nos quedó perdido y queremos recuperar, aunque no sepamos exactamente que es. La respuesta es, que perdimos la inocencia.

Esa que no ponía límites a los sueños y las metas, que no conocía de obstáculo que no se pudiera derribar, la que desbordaba igual risas que llanto porque no permitía ocultar/ disimular las emociones, que nos sonrojaba cuando un(a) chic@ nos miraba, sonreía o “piropeaba”; la que hacía los besos especiales y de la “manita sudada” una muestra física de cariño perfectamente aceptable, la que cosechaba amigos verdaderos pues no era compatible con rivalidades, intrigas o intereses secundarios.

La inocencia que nos hacía creer en el amor – no en sexo placentero o relaciones vacías – sino en un acto de entrega sincera sin que esto fuera señal de mojigatería o de ser anticuado. La que no necesitaba de alcohol o fiestas interminables para hacernos disfrutar la vida diariamente, la que nos permitía expresar nuestra fe y religión sin ser señalados como “panderetas”, la que nos dejaba ir en pijamas a la “pulpe” sin avergonzarnos, la que nos hacía gozar con detalles tan simples como el olor de la tierra con las primeras lluvias.

Y no me digan que es parte de crecer y esas cosas, pues ser inocentes no implica ser infantil o ignorante del ‘mundo’. Si bien es cierto todos debemos madurar, cambiar, aprender, producir, descubrir, no tenemos que dejar atrás algo que hace de la vida algo más genuino. Abrir los ojos a nuevas experiencias no es sinónimo de abandonar totalmente las anteriores pues existe el complemento.

Cada quien posee su propio concepto de felicidad y vida plena, y lo respeto. Pero creo que como en la frase inicial, muchos necesitamos y queremos volver a sentir esa chispa que se ha ido apagando en el camino, encontrar en lo simple las sensaciones que acompañen todo lo que hemos podido aprender y vivir a lo largo de nuestra vida.

Mirar atrás y añorar no basta, recobrar la inocencia es un trabajo diario para volver a sentirnos totalmente libres, livianos para vagar en el viento y fuertes para conquistar el mundo. pues como dijo Victor Hugo:

“La fuerza más fuerte de todas es un corazón inocente”

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El capítulo olvidado...

No me gustan los cambios de año ¿Ya lo dije verdad? Bueno, el hecho es ese. Me hacen mirar inevitablemente hacia atrás y entonces la nostalgia hace de las suyas. Nunca me han gustado desde que empecé a cargar con mis propios pecados… Si claro, hay mil cosas hermosas que agradecer y mil cosas hacia adelante que esperar, eso no lo dejo de lado, pero el punto débil es esa nostalgia y esas heridas (este mes duelen nuevamente) que el tiempo no ha sanado del todo.

Enero va pasando su factura con varias noches divagando en recuerdos (la mayoría hermosos, muchos inútiles); y en las hojas escritas por amigos, familia, amores, desamores, éxitos, fracasos, procesos, trabajos, estudios, épocas, instantes y… ¿Yo? ¿Yo como yo solita? No la profesional, ni la amiga, ni la hija, ni la hermana, ni la tía, ni la pareja, ni la ciudadana, ni la compañera de trabajo, ni… ¿Yo como mujer?

Hojas amarillas, gastadas, con las esquinas arrugadas… el libro que llevo mucho tiempo, quizás años sin leer ni mirar. El capítulo olvidado. Una da por sentado que con el tiempo y las cosas que va viviendo, va cambiando, madurando, adaptándose, transformándose y reinventándose. Una asume que el cambio es integral, se supone que asi debe de ser y es en realidad, el espejo lo refleja en las mañanas y el cansancio hace lo propio cada noche. La forma en que respondes a las circunstancias y ves la vida es la prueba más real de que ya una no es la misma. O eso se cree…

Y pasando páginas la pregunta creció cada noche: ¿De verdad ya no quiero tal cosa, o me interesa tal otra, o no creo en determinada cuestión o perdí el interés en X asunto?… Una siente la respuesta a cada interrogante porque el corazón cambia su ritmo, las manos sudan, se esboza una sonrisa o se viste la mirada de brillo y humedad.

Y entonces se comprende. Es innegable que la vida es diferente, pero no lo suficiente para desvanecer lo real, pues creyendo que ya no queda nada de lo que se fue hace 10 años, una noche cualquiera se cae en cuenta que sin importar las líneas escritas ni lo deteriorado del papel, la tinta de cada letra sigue siendo la misma; Y la casita de sueños que se tenía en aquel entonces aunque sea muy distinta x fuera y para la gente, sigue intacta por dentro…

"Cuenta esa vieja historia, que a pesar de todo algunas cosas quedan. Los momentos vividos, recuerdos que van a quedar en lo profundo del alma" (Tratar de estar mejor - Diego Torres)



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La llegada inevitable


No me gustan los cambios, de año… Nunca me han gustado. Mas debo confesar que este fin de año tiene un sabor distinto. Cuando llegaron las 12 anunciando la llegada del 2010, lloré a cántaros con toda la fuerza del corazón por el alivio que significaba para mi la conclusión del 2009 ¡Es que fue un año tan duro! Perdí muchas cosas y gané tan pocas, tenía el corazón hecho un puño en algún rincón olvidado de mi pecho, pero lloré de alivio... El 2010 tenía que ser mejor, y lo fue.

Siempre hay pruebas, y quizás el 2009 me enseñó a ser más fuerte y a valorar más las experiencias, para andar con paso más firme cada día de ese nuevo año. Después de un año en rojo, este lo cierro no en punto de equilibrio, sino con utilidades ¿Fácil? ¡Para nada! También me costó muchas lágrimas, pero esta vez acompañadas de abrazos y palabras de aliento, de una mano siempre dispuesta a levantarme.

Empecé una nueva etapa laboral de la que apenas soy aprendiz; abrí mi corazón y mi pasado a una persona, y aunque no funcionó tengo excelentes recuerdos; encontré al hermano que la naturaleza no me dio y a muchas personas dispuestas a brindarme su amistad; mi salud se debilitó un poco en los últimos 3 meses pero lo mejor es que continuo viva y en pie; y lo mejor de todo: tengo a mi familia completa, sana y conmigo ¿Hay bendición más grande? No lo creo...

Francamente no se que me depare el 2011, pero se que me ha costado mucho llegar a hoy, llegar a ser la mujer que soy. Y aunque por algunos momentos he renegado sobre ese hecho, hoy puedo decir que estoy orgullosa de mi misma. ¿Buena o mala? No lo se... Pero si que soy una mujer en todo el sentido de la palabra, hecha y derecha, y por sobre todo con el pecho listo y la frente en alto para recibir un regalo de 365 días más.

Y ante la llegada inevitable de un nuevo año solo puedo decir: ¡Mil gracias Diosito! ¡Feliz año a todos! :)

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Y vos que ¿Sos feliz?

- Mija… hoy le está dando feo el amor… jajajaja xD

- El amor??? Y eso que’s mi mama? xD No diga malas palabras…

- Ahhh bueno bueno… que es esa mala palabra… quién sabe hasta cuando…

- Jajajaja yo creo que el antídoto dura un tiempito más jajajaj

- Dele viaje mija más bien cuando pasa ese antídoto?? Jajajaja

- Fácil: 2 cucharadas de desilusión, 1 tallito de desencanto, 2 hojitas de noches en vela, muchas lágrimas y listo, se cura de una!!


Pues, si… ¿Para que negarlo? Soy una desencantada del amor, o al menos del amor masculino. Soy una más de esas tantas que construyeron castillos de arena que más temprano que tarde terminaron sobre el suelo hechos nada; una más de las que creyó en cosas que ahora se cuestiona si verdaderamente existen.

Cuando hablo de eso, la gente tiende a pensar que una es una amargada y resentida (tipo Paquita la del Barrio) pero no, no al menos en mi caso. Si bien es cierto ya no tengo la misma disposición para andar besando sapos a ver si se convierten en príncipes azules (que de por si no existen) tampoco guardo rencores por las cosas sucedidas en el pasado, pues es mi pensar, que hasta los errores más grandes o estúpidos tienen una finalidad y un aprendizaje, lo que en mi caso se traduce en una nueva visión del amor en mi vida.

Al principio como ser humano con errores y aciertos que soy, tuve mi etapa depresiva en que la respuesta ante la pregunta “¿Sos feliz?” era “No”, pensando que si no tenía una persona a mi lado como los demás, sería una mujer incompleta de por vida. Luego entendí que el amor es mucho, muchísimo más. Tal y como lo había mencionado en “Enamórese de usted mismo”, todo empieza dentro de uno mismo, en aprenderse a amar de manera esencial y a construir nuestra vida en función a nosotros y no a alguien más.

Pero esto va más allá. Se aprende a amar mejor a la familia, a los amigos y a todas las personas que te rodean, pues son quienes construyen el círculo de afecto y cariño que te protege y respalda ante cualquier circunstancia. Y como aún te queda amor por entregar, lo ponés en tu trabajo pues te realiza como profesional, en las cosas que hacés y te motivan, en devolver la sonrisa a un desconocido en la calle, en fin, en cada espacio de tu vida ¿Y por qué? Porque terminás entendiendo que la felicidad es una elección de cada uno, no una lotería que tenés que esperar a ver si te la pegás; entendiendo que el amor es un sentimiento tan profundo que sería mezquino encasillarlo en una relación de pareja únicamente cuando se puede expresar en cada cosa que existe y terminás entonces enamorado de la vida, y todo fluye, el mundo sigue, y el sol sale cada mañana.

Ahora si la pregunta es “¿Sos feliz?” la respuesta no puede ser otra que un contundente “Inmensamente”. A pesar de que existen en mi vida momentos y días difíciles en que se nubla un el cielo, todo sirve para algo, para ser más fuerte, para ser mejor, para seguir con una convicción más firme o por lo menos para aprender a valorar más el cielo azul.

Y si, la puerta a la opción de una pareja está cerrada, más no significa que esté soldada de por vida. Es simplemente que ya no es algo prioritario y mucho menos indispensable para ponerme en pie por las mañanas o agradecer en oración por las noches. Es simplemente que ya soy una mujer completa y feliz, lo demás es simplemente ganancia.

Cada quien tendrá su propia forma de ver y vivir el amor, de priorizar cada parte de su vida, sus anhelos, sus metas, su visión de la felicidad y el camino que le conduce hacia ella. La pregunta realmente importante es: ¿Sos feliz?

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Los espacios que el tiempo nunca llena...

Aunque pasen los años hay espacios que nunca se llenan...

10 y 30 de agosto de 1989: Mueren mis abuelitos maternos. Primero mi abuelita luego de una larga enfermedad y de un buen tiempo en el hospital. 20 días después mi abuelito de una falla cardiaca, aunque todos creemos que murió de tristeza, 63 años juntos es mucho tiempo. Fue muy duro para mi madre perderlos a ambos en un mes, principalmente a mi abuelita 5 días antes del día de la madre; y aunque es muy vago lo que recuerdo de ellos en vida, se que los amaba y que lloré sobre el ataúd de cada uno, luego cada 10, 15 y 30 de agosto con mi mamá o al escuchar “Se me fue” de Myriam Hernández. Por años hablé con ellos mirando alguna estrella en el cielo y diciéndoles la falta que me hacían sus mimos y sus manos cansadas alrededor de mi cuello; y aún 21 años después puedo decir que no he dejado de extrañarlos ni un solo momento…

05 de mayo del 2002: Abrí mis ojos a las 7.00am porque entraba a trabajar a la tienda a las 8.30am. Era domingo, llovía y por supuesto me quejé de no poder quedarme entre las cobijas. Cuando llegué a las 8.30am a la tienda no estaba Anthony, un amigo que trabajaba los fines de semana vendiendo periódicos en la esquina de la tienda, y pensé “A este gran vago se le pegaron las cobijas con las lluvia” A las 10am sonó el teléfono de la tienda, era una amiga en común de ambos para avisarme que él había fallecido… Un carro lo atropelló a las 5am y se dio a la fuga, lo dejó tirado en la calle como un perro y a las casi 6am cuando llegó la ambulancia, ya había fallecido. Yo no fui a su entierro; el día anterior habíamos estado vacilando y yo quería que ese fuera el último recuerdo suyo en mi mente, sonriendo… Por años he vivido con el remordimiento de no saber si fue lo correcto, me he preguntado mil veces si él lo habrá entendido, si me habrá perdonado el no haber estado ahí…

13 de abril del 2009: ¿Qué puedo decir que no haya escrito en “Una historia sin final”? Que los meses han sanado poco la herida de perder a Dani, que aún a veces sueño con ella y que me es imposible recordarla sin sentir un nudo inmenso en la garganta y las lágrimas resbalar en mis mejillas. Muchas veces, cuando he bajado los brazos cansada de luchar pienso en lo fuerte y decidida que ella fue, entonces en su memoria me levanto a dar la pelea nuevamente.


¿Cuánto tiempo es realmente una vida? Hoy me ha sido imposible sostener las lágrimas al escribir cada una de estas letras, al pensar en ellos, en el espacio que ocuparon en mi vida y que hoy esta lleno de recuerdos que se desgastan poco a poco con el tiempo.

Cada día despierto con el deseo y la fe en mi corazón de construirme un camino que me lleve algún día a estar con ellos, de poderles dar todos los abrazos y besos que me he guardado durante estos años al perderlos, pues si de algo estoy segura, es que no importa cuantos les hayas dado en vida a las personas que quieres y se van, para nosotros siempre quedan mil caricias en espera de un después…

"No se han ido del todo, si recordar es volver a vivir, aún con lágrimas puedes decir, no se han ido del todo. No es el fin de la historia, son dos lados de la eternidad, ellos ahora se encuentran allá, tu y yo debemos continuar (…) Ahora se encuentran libres, ahora ya son felices, los que aquí tanta falta les hizo donde están hoy les sobra. Ya no hay sufrimiento, y no existen más lágrimas. No hay vacío, ni hay soledad, son libres como el viento..."

En el cielo donde tengo la certeza que están ¡los amo, los quiero y los extraño con todo el alma!


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En el mar de un sueño

Lo primero que quise ser en la vida fue cantante. Sólo que mi voz tan exclusiva – léase fea – similar a las alarmas de incendio (suena y todos corren) me hizo cambiar en el transcurso de los años a secretaria, arquitecta, economista, organizadora de eventos, bailarina (con ropa claro =P) e informática. Pero la insistencia de mi hermana porque hiciera examen de admisión en el COVAO me terminó colocando frente a 3 preciosos años en Producción Gráfica que me llevarían a publicidad, mercadeo y aprendiz en social media. Y aunque quise ser todo lo anterior y terminé donde estoy siempre tuve claro algo: quería ser empresaria.

Hace más de un año decidí intentarlo en sociedad pese a muchas alertas de fracaso a mi alrededor, con una que otra palmadita de apoyo en la espalda y rezando porque ese barco que tomaba no naufragara ¡Y naufragó a la primera tormenta! La inexperiencia siempre pasa la factura… Y así, tan sólo 3 meses después volvía a tierra firme con el tan detestable “se lo dije” pinchando el pequeño salvavidas que conservaba y convirtiendo mi aventura en una historia para el olvido (o eso creí).

Cinco meses después quise con un poco de aire valiente que me quedaba en los pulmones marcarme una nueva ruta de viaje pero no alcancé a llegar al puerto donde esta vez, ni siquiera tenía un barco anclado. Quizás el “realismo” empezaba a echar de mis pies, raíces a tierra firme.

Decidí mejor regresar a lo seguro (ser empleada) pues los castillos de arena no pagan deudas ni universidades y tenía al frente la oportunidad de trabajar en una nueva área de mi carrera. Recordé que hay que ser agradecido, dicen, y de verdad agradezco cada día a Dios por mi trabajo, que además me encanta.

Desde entonces han pasado ya 6 meses de relativa paz, y digo relativa porque sin saber que o por qué algo ha venido cambiando día a día hace semanas… hasta ayer. Cuando en el #NokiaTalk Fabian Ramírez dijo esta frase: “Si crees que tu potencial es bueno ¡hazlo! Porque nadie lo va a hacer por ti” Y lo supe. En el fondo, pese al realismo impuesto por tantos y el “fracaso” vivido, sigo queriendo lo mismo de todos estos años, sigo cerrando los ojos y soñando despierta, sigo atada a la esperanza y el anhelo de sentir que es posible, que se puede.

¿Cuántos estarán en este momento como yo? Con grandes sueños que el temor al fracaso y la comodidad que da la zona de confort no materializan. Y es que la experiencia pasada (ahora ya no fracaso) me dice que no se trata de correr ilusionado a sortear olas dejando todo atrás pero también me dice que cada vez que se intenta, se aprende y se avanza. Ahora se algo que antes no ¡Una ruta que no me llevará al éxito!

Dicen que soñar es gratis ¿Y saben qué? ¡Es verdad! Así que puedo soñar todo lo que desee con lo que quiero ser o tener. Pero los sueños no dan de comer, así que se debe de encontrar la forma de que esos sueños sean productivos, de que con esfuerzo, empuje, ideas y trabajo nuestro barco nos lleve a aguas donde en vez de naufragios tengamos abundante pesca.

“Arriesgar para ganar” Cierto. Pero más importante que eso es tener la convicción suficiente de que se puede navegar aún a pesar de las tormentas que vengan si nuestro espíritu es lo suficiente fuerte para no bajar los brazos a la primera tempestad y usamos la pasión como combustible en cada ruta que intentamos en la vida.

Ayer comprendí algo más. Si cada una de las personas que sueñan dejaran de creer que se puede cuando despiertan bañados en realismo (lo que no es otra cosa que conformismo disfrazado) hoy no existirían tantas marcas, empresas y personas exitosas realizadas en el mundo. Así que piensen en lo que siempre han querido, constrúyanlo en su mente y materialícenlo con esfuerzo y firmeza en su presente.

"Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él." George Bernard Shaw. Escritor Irlandés.


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